
"PLANETA AUSTRALIA: LOS ARCHIVOS DE LA TIERRA" (EL DOCUMENTAL: CAPITULO 1)
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viernes, 11 de diciembre de 2009
UN ÁGUILA... AUDAZ

Perseguir a un águila no es tarea fácil, aunque se trate de un águila audaz (Aquila audax), una de las águilas más grandes del planeta (puede llegar a pesar 5 kilos con una envergadura de alas de más de 2 metros). A esta tarea hemos dedicado el tiempo, y la paciencia, durante tres días en el hermoso valle de Yaloak, donde se localiza una de las poblaciones más importantes de esta rapaz amenazada. Desafiando a la lluvia, al frío (¿de verdad es verano en este hemisferio?), a los caminos embarrados, a las piedras ocultas por la maleza, al viento... hemos conseguido algunas imágenes de este soberbio animal.
martes, 8 de diciembre de 2009
ESQUILANDO CON DEEP PURPLE
ESQUILANDO CON DEEP PURPLE
En el estrecho pasillo de vieja madera sonaban los Deep Purple y en el ambiente se masticaba el sudor: el del trabajo de los hombres y el del miedo de las ovejas. La cuadrilla de esquiladores retiraban espesas mantas de lana a rechonchas merinas que no se atrevían ni a parpadear. Un ritual que en Yaloak State se repite dos veces al año. Cada oveja, y son más de 22.000 las que campan por estas tierras, pierde en la operación cuatro kilos de abrigo, y cada esquilador recibe dos dólares con treinta centavos por animal. Hagan las cuentas...
José María Montero “Monti”
SCOTT & JACK
Scott y Jack trabajan en Churchill Island. Juntos han conseguido exterminar el conejo de este pequeño territorio, una batalla que les ocupó casi cuatro años de duro trabajo. Scott llegó a Australia desde la lejana Escocia. Jack es australiano de pura cepa. Scott y Jack se llevan cincuenta años, pero se entienden sin necesidad de hablar.
En España a estos perrillos de carácter indomable se les llama bodegueros porque es precisamente en las bodegas y graneros donde más útil resulta su instinto cazador. No hay roedor que sobreviva en sus dominios. Una vez acabado el trabajo en Churchill Island Imagino que a Scott tampoco le importaría trasladarse a una bodega de Jerez con Jack...
P.D.: Para conocer a Jack tendréis que ver el documental...
José María Montero “Monti”
EL SALTO DE LA BICHA

André nos explicó que una cobra, de las muchas que se esconden en los matorrales de estas tierras del sur australiano, es capaz de saltar una distancia equivalente a una vez y media su longitud. Esta proeza causa no pocos accidentes, ya que algunos incautos se sienten seguros cuando ven al reptil a cierta distancia. Craso error.
Lo que André no nos explicó es la distancia que es capaz de saltar un humano cuando ve a una cobra. Bueno, a veces ni siquiera hace falta que sea una cobra para que el record mundial de salto de longitud se vea amenazado por un humano cualquiera, sin entrenamiento alguno. En Churchill Island el sospechoso lomo de un lagarto de lengua azul, al que nuestro amigo Jack se quedó mirando fijamente, fue el reclamo que desató algunas proezas atléticas que no vamos a reseñar por humildad. A la vista del disparate, Scott nos indicó que en la isla había cuartos de baño a disposición de los viajeros más intrépidos y valientes...
José María Montero “Monti”
lunes, 7 de diciembre de 2009
EL VIAJE EN IMÁGENES - I



Ya era hora !!!!! Aunque parezca que estamos de vacaciones con unos amiguetes no paramos de currar y por eso este blog no se actualiza al ritmo que quisiéramos. Hoy que la lluvia nos ha parado un poquito (sólo un poquito) hemos podido seleccionar algunas de las muchas imágenes que está tomando Manuel de la Riva, nuestro fotógrafo-on-road.
Como veréis no hay mucha censura. Somos tal y como somos, que le vamos a hacer...
Desde las antípodas con cariño (pero si pegarnos mucho, que la roña empieza a acumularse).
MIRADORES



En la primera parte de la expedición explicaba Juanma, muy bien y con mucho gracejo, la perplejidad con que los primeros colonos ingleses se debieron de enfrentar a las peculiaridades de la biota Australiana. Y, efectivamente, debió de ser para ellos algo sorprendente: Eucaliptus inmensos; saltarines canguros; pinchosos equidnas; loros de colores y tamaños inimaginables; serpientes venenosas; pingüinos….No obstante debieron reponerse pronto y aplicaron toda la laboriosidad inglesa en transformar esta tierra hasta hacerla familiar. Ardua labor dada la inmensidad de esta isla continente. Sin embargo, en algunos lugares debieron conseguirlo sobradamente. Phillip Island es, sin duda, uno de ellos. Las granjas, prados y setos están ordenados de un modo tan inglés que necesita uno ver al saltarín wallabi; oir los gritos del kookaburra o ver a la cacatúa negra de cola amarilla rompiendo literalmente una mimosa para extraer las larvas de…para darse cuenta de que no está uno paseando por un idílico camino del, por decir alguno, condado de York. Y hay que reconocer que las especies europeas introducidas ayudan: pinos, cipreses, olmos, estorninos, gorriones…colaboran a la confusión del paisaje visual y sonoro de estas tierras con el de la campiña inglesa. Pero sólo es eso; superficial apariencia. Australia es Australia y Phillip Island es Phillip Island. La personalidad e este lugar- todavía no conozco nada más de Australia- es fuerte y atractiva y se hace pronto con el visitante. Quizás por eso, cuando hoy abandonábamos la isla, unos camino de Tasmania y otros de la Victoria interior, sentí un pellizco en el estómago como cuando uno se aleja de algo íntimo y querido.
Los días han pasado volando. Jornadas de trabajo maratoniano; discusiones y suerte, mucha suerte una vez más. Ahora sabemos o creemos entender mucho mejor lo que vinimos a estudiar: los aportes de nutrientes del ecosistema marino al terrestre y sus consecuencias en estos últimos sistemas. No se si nuestra idea de hoy será o no falsa, lo que si se es que hemos recogido los datos suficientes para comprobarlo. Se avecinan largos días de análisis de isótopos en el laboratorio de Antonio Delgado y mucho tratamiento de datos antes de saber realmente hasta que punto nuestras hipótesis son o no acertadas. Pero, entre muestreo y muestreo, era difícil no mirar y disfrutar de esta peculiar naturaleza. Así que también hemos dedicado, de noche y de día, horas a observar la flora y la fauna de nuestro entorno currante.
Como uno es bichólogo de vocación me quedo con los animalitos. Los saltos de los wallabi: aunque los vea uno mil veces no acaba de entender como pueden resultar tan gráciles y ser tan rápidos animales saltando a dos patas y que siempre parecen que se van a dar de morros en el suelo entre salto y salto; los mansos y confiados oposum ( chico y grande ) que puede ver uno en cualquier mancha de vegetación autóctona o en el jardín de la casa, sólo hace falta una linterna y un poco de tiempo para observarlos en sus correrías nocturnas por el ramaje; el kookaburra, un martín pescador que chilla como el mismísimo diablo pero algo más fuerte y que, para acabar de sorprender, sólo caza en tierra donde captura, lanzándose en picado desde cualquier rama, insectos y pequeños vertebrados distraídos, como el pobre pajarillo que ayer vimos capturara a un amoroso padre que se lo llevo al pollo que lo tragó entero sin inmutarse. En fin, que decir cuando al anochecer, mientras acabamos el muestreo, empiezan a llegar miles y miles de pardelas…hasta completar, según los cálculos de nuestros colegas, el entorno al millón de parejas que forman esta colonia. Y el pingüino pequeño; cualquiera que haya visto un pingüino habrá tenido la sensación de estar ante un pájaro absurdo, gracioso y encantador; pues bien, esto, en esta especie, se acentúa; es como una miniatura de pingüino de poco mas de medio kilo, pero que mantiene en tierra toda la patosidad simpática de sus especies mayores y su bella sorprendente agilidad en el agua. Me dejo casi todo en el tintero, pero espero que ahora entiendan algo más mi pellizco estomacal, aunque no les haya contado nada de la buena carne, el mejor vino y la agradable compañía autóctona e invasora-si exceptuamos, en este caso, los ronquidos de algunos-.
Fernando Hiraldo
viernes, 4 de diciembre de 2009
ATENCIÓN AL DATO - CAPÍTULO V : THE RABBIT


El lunes, antes de viajar camino de Yeloak, visitaremos Churchill Island para saber algo más a cuenta del desastre ambiental que supuso la llegada del conejo a Australia.
Thomas Austin, un granjero de Victoria muy listo, añoraba sus jornadas de caza en Inglaterra, así es que, en 1859, importó y liberó dos docenas de conejos, apenas un puñado de animales, según cuenta Bill Bryson. Sin embargo, en pocos años se habían multiplicado hasta extremos alucinantes. La plaga avanzaba a razón de 100 kilómetros por año. De nada sirvieron disparos, trampas o venenos. Ni siquiera pudieron frenar la avalancha con la famosa barrera que se extiende a lo largo de casi 2.000 kilómetros cruzando Australia occidental.
En 1950, cuando la población australiana de conejos rozaba los 600 millones de individuos, se lanzó la primera guerra biológica contra el lagomorfo. El virus de la mixomatosis causó 500 millones de bajas en sólo dos años, pero los conejos de las antípodas no tardaron en hacerse resistentes a la enfermedad y crecer de nuevo hasta los 300 milones de ejemplares en 1990.
Hoy se le sigue combatiendo con todo tipo de armas, pero no parece que la guerra contra el invasor pueda ganarse fácilmente.
LA ARAÑA EN SU EMBUDO

En abril ya hablamos en este blog de la extensísima nómina de animales venenosos que habitan en Australia. Uno de lo más peligrosos es la araña de tela de embudo (Atrax robustus), cuya picadura puede llegar a ser mortal si no se administra a tiempo el antídoto (que se elaboró por vez primera en 1980). No hay que internarse en parajes remotos para encontrar a este animal: en un parque de Sydney, en el mismo casco urbano, es posible encontrar arañas de tela de embudo. Nosotros nos topamos con la primera (y esperamos que sea la última) en uno de los hides de Swan Lake, el humedal en donde estuvimos grabando algunas aves acuáticas.
Como se puede apreciar en la foto, la Atrax robustus dispone de un par de colmillos tan grandes y poderosos que pueden llegar a atravesar una uña sin dificultad.
En este país no puede apoyar uno la mano en cualquier sitio...
jueves, 3 de diciembre de 2009
Y LLEGARON A CABO WOOLAMAI... POR MILES
Fue casi de repente con esos ultimos destellos del atardecer cuando empezamos a ver el cielo sobre nuestras cabezas cubriéndose literalmente por estas aves elegantes y de vuelo rápido. Sorprendentemente silenciosas (en comparacion con las especies que nos son mas familiares), las pardelas fueron acercándose mas y mas a medida que buscaban cada una su propio nido entre la creciente algarabía. Dentro del cada nido, la pareja esperaba impaciente y hambrienta el relevo en la incubación de unos huevos recién puestos. Los biólogos nos miramos incrédulos ante el espectáculo, incapaces de digerir tanto bicho, la puesta de sol, el mar, el aire ahora frío,.. todo al unísono. Mientras, Charlie del equipo de TV se afanaba de un lado a otro buscando los mejores planos. Los demás del equipo le seguían, desplazando con ellos trípode, cámara y focos. Ahora si, las pardelas saltaban en el suelo, discutían, y rebuznaban de tanto en tanto, allá donde uno mirara. Y por el cielo, seguían llegando y llegando. Los que no teníamos mas que hacer nos sentamos mirando al cielo y disfrutando la función. Los animales siguieron llegando durante mas de una hora. Y luego.. llego la luna.. que para no ser menos en esta despliegue, estaba llena! Quien podía esperar más. Ya con las baterías agotadas, la cámara echando humo.. volvimos contentos a los coches.. Che.. espectacular!!! Impresionados por el número,.. y pensando en nuestras propias pardelas, que un día no lejano fueron tan numerosas y ahora están casi en extinción dada la presión a la que se ven sometidas. No es que estén peor adaptadas, han tenido peor suerte.
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