
© Fotografía: Hector Garrido
En 2009 se pone en marcha la cuarta expedición científico divulgativa fruto de la colaboración entre la Estación Biológica de Doñana/CSIC y Canal Sur (RTVA). Este Blog es el relato distendido y en tiempo real del día a día de una expedición científica con formato divulgativo.
Es un continente impresionante, tanto por sus dimensiones como por la diversidad de seres, formas y colores que encuentras en todos los rincones que visitas…incluido el cuarto de baño. Sin embargo también son impresionantes los cambios y amenazas para la conservación de estos hábitats después de poco mas de 200 años de la colonización por los británicos. Algunos de estos impactos están relacionados directamente con las actividades humanas por estas tierras, por ejemplo la introducción de especies de otros continentes, ya sea en un intento de reproducir la naturaleza original de Inglaterra, aumentar la productividad de tierras en realidad pobres en nutrientes, caprichos particulares o la característica y bien conocida chapuza (mas extendida en el planeta de lo que creemos).
© Fotografía: Rocío Fuentes Gutiérrez
Hemos visitado las plantaciones de caña de azucar y discutido los problemas derivados de la introducción de una especie de sapo (Bufo marinus) para controlar una plaga que amenazaba la producción. Los problemas surgieron cuando el sapo manifestó unas preferencias gastronómicas mas amplias de las asumidas en un principio y para rematar el tema provocaba la muerte de muchos de los vertebrados que se lo intentaron zampar, ¡y es que hay que prestar siempre atención a lo que uno se mete en la boca!. Desde las plantaciones de caña subimos a las zonas montañosas pudiendo comparar la fauna y vegetación en zonas de bosque lluvioso, bosque húmedo esclerófilo (traducido: un eucaliptal impresionante) y bosque seco de eucaliptos. Richard Pearson nos comento la elevada riqueza de especies de aves de los bosques de eucaliptos en la zona, comparable a la que se encuentra en el bosque lluvioso, algo sorprendente si lo comparamos con los monocultivos de eucaliptos introducidos en España. La similitud en riqueza de especies se debe a dos factores: uno bueno y otro malo. Como en el chiste, vamos primero a por el bueno: Australia es habitada por mas de 600 especies de Eucaliptos con una gran diversidad de organismos adaptados a vivir en los bosques mixtos conformados por estas especies…el malo, la importante reducción en la superficie de bosque lluvioso debido a las quemas ligadas a la agricultura en los últimos miles de años llevaron a la desaparición de muchas especies especialistas de este tipo de hábitat. Como nos comento Betsy Jackes, las especies de eucalipto introducidas en España se caracterizan por un elevado efecto alelopático (es decir, que impiden el establecimiento de otras especies vegetales en la zona) y esto explicaría la baja riqueza biológica que caracteriza estas plantaciones en España.
© Fotografía: Rocío Fuentes Gutiérrez
Parte de los impactos negativos sobre los ecosistemas australianos que estamos observando ilustran a la perfección los riesgos derivados del cambio global. La barrera de coral australiana, al igual que muchos otros arrecifes coralinos de todo el mundo están sufriendo un importante recesión: los corales se mueren…aun en el caso de que Australia siguiera siendo únicamente habitada por los 300.000 aborígenes que vivian en el continente a finales del siglo XVIII, la gran barrera Australiana seguiría recibiendo los impactos negativos derivados del cambio global: el aumento de las temperaturas del agua y el aumento de la acidez de los océanos seguirían impactando negativamente sobre las poblaciones de coral. En un mundo global la conservación de los hábitats depende muchas veces de las decisiones y actítudes en la otra punta del planeta.
Desde la primera vez que estuve en Australia y me topé con un canguro no puedo evitar darle vueltas a una tontería que me viene a la cabeza de vez en cuando. Me imagino lo mal que lo pasaría el colonizador que avistara un canguro por primera vez, ya fuera uno de los españoles que llegaron con el capitán Torres o un portugués más tarde o incluso un hijo de la gran bretaña que viniera con el capitán Cook o fuera abandonado en las costas vírgenes de este país por pendenciero o delincuente. Da igual, la escena se debió repetir varias veces. Pongamos, por ejemplo, un tal McCallan que se fuera o lo mandaran a dar un garbeo por los montes vecinos y que vuelve al campamento corriendo. “Hello guys, you know? acabo de ver unos animales, grandes como burros que van saltando sobre las patas traseras”. Me imagino a los demás tipos duros del grupo mirándolo con cara de perdonavidas: “Joder McCallan, que te hemos dicho ya que no bebas tanto” Y McCallan nerviosito “que no guys, que tiene una cola en la que se apoya y mueve cada oreja por su lado”; “McCallan como se entere el capitán te pega 40 latigazos”. Y el McCallan que insiste desesperado con los ojos y las manos abiertas: “Que no guys, que tiene una bolsa en la barriga y lleva dentro de ella otro bicho más pequeño”. “Vete al carajo McCallan”.
Y lo mismo debió pasar con el ornitorrinco, o con los zorros voladores de la bahia de Sidney y con tantos otros animales que, de no existir Australia, podrían estar embelleciendo el bestiario de Cortazar o el Manual de Zoología Fantástica de Borges.
Toda esa diferencia viene, claro, de que este continente que hoy es Australia se desgarró de la Antártida y de América del Sur y desde entonces, hace 55 millones de años, la vida ha evolucionado en su total aislamiento creando una fauna diversa y única que no tiene paralelo en otras partes del planeta. Por estas y otras cosas, los científicos no necesitamos creadores caprichosos para explicar la vida que sobre la tierra. Nos basta por ahora la teoría de la evolución.
Fotografía: Charli y yo nos reimos (por no llorar) en las estepas de Kazajstán después de 23 días sin ducharnos. Corría el mes de junio de 2003 y fue la primera de nuestras expediciones. La foto la hizo César, nuestro operador de cámara.
José María Montero "Monti"
Cuando era pequeñita y no media más de un metro de estatura y la tarta de cumpleaños no contaba con más de seis velitas, soñaba con un país muy lejano llamado Australia. No sólo soñaba con poder ver con mis propios ojos aquellos extraños y exóticos animalitos que aparecían en dibujitos como "Mofli el Koala", "El Cangurito Gentil" o las "Super Nenas en la ciudad de Townsville", sino también con aquellas playas kilométricas de arena blanca y fina que nos enseñaban aquellos documentales como en el que hoy me encuentro sumergida.
Ahora puedo decir que, después de 20 años, aquel sueño por aquel entonces inalcanzable se ha cumplido antes de lo que yo creía. Quién iba a decirle a aquella niña de 6 añitos, que con tan sólo 25 iba a poder fotografiar a estos animales únicos e incluso tocarlos. Todavía siento escalofríos al recordar la sensación que sentí al verlos delante de mí; fue como regresar al pasado y sentir aquella inocencia y entusiasmo por todo lo que estaba sucediendo a mi alrededor. Es entonces cuando comprendí lo privilegiada que soy por estar consiguiendo ya mi sueño. Da igual no dormir más de 5 horas cada día, llevar un trípode que pesa más de 7 kilos, llevar como joroba una mochila cargada de baterías y cintas, que me duela el dedo índice de tanto disparar mi cámara fotográfica, e incluso no ducharme en una semana o estar rodeada de insectos en un desierto en medio de la nada. Hoy puedo decir que yo, Rocío con 25 años de edad y no más de 4 años en la profesión estoy cumpliendo mi ilusión, no sólo por estar aquí, sino por estar aquí haciendo lo que me gusta y con la suerte de estar rodeada de un equipo de profesionales que además de ser excelentes en su trabajo son como una gran familia, muy de agradecer en este largo mes en el que todos deseamos un abrazo.
CON CIENCIA (4)
Estoy volando desde Brisbane a Perth, atravesando Australia de costa a costa, desde el océano Pacífico al océano Índico. La duración del vuelo es de casi cinco horas que se convierten en tres horas de reloj porque atravesamos dos husos horarios. La distancia que estamos recorriendo es de 3650 kilómetros. Tanto como si viajáramos desde Sevilla a Moscú pasando por Francia, Italia, Austria, Alemania, Chequia, Polonia, Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Australia es un país inmenso e inmensamente rico. En este recorrido sobrevuelo rocas formadas a lo largo de casi toda la historia de la Tierra, desde las más recientes de la costa este a las más antiguas del oeste australiano que vamos a estudiar. No conozco ningún otro recorrido similar en todo el planeta que sea tan representativo de esa historia geológica. Me gusta la sensación de volar sobre la historia que nos cuentan las piedras. Volar sobre cuatro mil millones de años.
CON CIENCIA (3)
En Sidney estuvimos cenando con Paul Willies en un restaurante llamado Young Australia. Nos bebimos una botella de Jim Barry, en concreto de un vino que mezcla Shiraz con Cabernet-Sauvignon de la cosecha del 2005 de sus viñedos familiares, que está a un precio de 16 pavos australianos (entre 8 y 10 Euros según se cambie). Un vino que estaba para tomarse dos botellas. Este Paul Willies es un tipo simpático, un divulgador científico (paleontólogo para más señas) que nos presentó Stephen Hyde, que tiene un programa de televisión en la ABC, la TVE de Australia. El día anterior nos habíamos reunido con él y con su productor, Nick Lee, para intercambiar con ellos material filmográfico, en especial de la serie Nature of Australia que es un hito en la divulgación de la naturaleza. El programa de Paul y Nick se llama Catalyst y es absolutamente recomendable para los que entiendan el inglés. Lo podéis comprobar en su excelente web: (http://www.abc.net.au/catalyst/).
Llevan diez años emitiendo en la primera cadena los jueves en hora punta con un share del 17%. Las historias que cuenta Paul y sus colegas duran no más de diez minutos y tratan de la ciencia de punta que se hace en Australia. Están contadas de forma desenfadada y simpática, como en mi opinión debe de ser. A veces tan desenfadada que dudo que en España tuviera éxito el cachondo de Paul. Pero desde luego mucho mejor y más inteligente que la visión seria, grave, casi religiosa, que algunos de nuestros programas de divulgación transmiten de la ciencia. Creo que mientras que en la tele y la radio se trate la ciencia como algo lejano e inaccesible, no hay nada que hacer. De ahí la idea de hacer este blog, para que se vea que hacer ciencia y hablar de ella no significa necesariamente aburrirse y aburrir a los demás. Les dedicamos a Nick y a Paul nuestro libro "Armonía Fractal en Doñana" y estuvimos hablando toda la cena de divulgación, de ciencia y de posibles colaboraciones. Nos bebimos la segunda botella.
Hoy hemos estado en un jardín de piedras de colores. Las piedras las ponen los pólipos, unos animalitos milimétricos que fijan el calcio y el CO2 convirtiéndolo en carbonato de calcio. El color, los colores, lo ponen unas microalgas que viven en simbiosis con los pólipos. De la cooperación entre millones de pólipos y algas ha surgido la gran barrera de coral australiana. Hoy hemos buceado por ese oasis petrificado entre la riquísima variedad de formas de vida que lo habitan, desde los peces multicolores, las tortugas gigantes o los dos tiburones de cola blanca que avistaron Arturo y Rocío (o Rósio como la llaman aquí).
Dicen que la gran barrera de coral es la mayor estructura jamás creada por la vida. Dicen que se ve desde la luna. Es posible. Pero lo maravilloso de esta estructura no es su tamaño sino su preciso funcionamiento, la perfecta armonía, la complicada pero eficaz conectividad entre los elementos que la forman. Es una estructura autoorganizada de la que sabemos bastante. Como los arrecifes que hace seis millones de años dibujaban lo que hoy es la costa del levante andaluz, esta gran barrera también desaparecerá. Eso, hombre mediante, ocurrirá en un futuro lejanísimo. Pero mientras tanto, este reloj suizo de la naturaleza, nos sirve para medir el daño que la actividad humana provoca en un planeta que no sabemos manejar.
La arena de los alcores sevillanos esta hecha de la sílice en que se convierten las diatomeas. El polvo en que nos convertiremos nosotros está hecho de fosfato de calcio. El polvo en el que se convierten los pólipos de la barrera de coral está hecho de carbonato cálcico y es la impresionante arena que hoy hemos sobrenadado en el arrecife. Toda vida vuelve al polvo ¿vuelve?. ¿Tiene la vida un origen mineral?; ¿se creó a partir de una secuencia de reacciones minerales aún por descubrir?. Si alguna vez logramos contestar a esa pregunta, parte de la información saldrá sin duda de las rocas antiguas que visitaremos en nuestro viaje por el oeste australiano.